Un blog de crítica de televisión

lunes, 12 de febrero de 2007

COTO MATAMOROS: LA ZARPA Y EL MARTILLO

Esta vez, las hienas estaban domadas. La presa no era Raquel Mosquera o alguno de los incestuosos hermanos de Dinio, sino Coto Matamoros. Sus caras estaban tensas, aunque traían bien aprendida la lección de no dejarse intimidar. Apenas abrieron la boca y desplegaron todo un muestrario de caras de póker y sonrisas encajadoras. Lo tuvo muy difícil la periodista Ángela Portero, esa señora que va vestida de boda en cada programa y con la que el invitado ajustó cuentas personales hasta que se le bajó el cardado.

Coto Matamoros se sometió el sábado al detector de "Dolce Vita". Llegó muy agresivo y dispuesto a dar un buen show. Y lo hizo de libro. Sus fans pueden volver a decir lo del “puto amo” o vociferar gritos infectos tipo “ése Coto”. La máquina hortera dijo que no mentía, y él salió reforzado como un Sócrates de bajos fondos. Ha sido icono de la telebasura o la “telesangre”, como él la llama, la misma que se ha vuelto contra él y lo ha demonizado tras la muerte de Carmina. No entiendo de qué se queja.
Confío en no parecer moralista, pero ver a Coto me hace más efecto que mil anuncios de vomitonas o de gusanitos por la nariz del Plan Nacional sobre Drogas. Ver a alguien brutalmente enzarpado no es lo mismo que disfrutar con los excesos etílicos de Arrabal. Igual que una pelea entre los hermanos Matamoros vale por veinte polémicas de la familia Pajares. El enfrentamiento Kiko-Coto es de dimensiones bíblicas, psiconalíticas, y con episodios tan cinematográficos como paso seis años en la cárcel para salvarte y luego me follo a tu mujer.
Desde la épica del canalla y del vividor, Coto Matamoros puede parecer un personaje de Hugo Pratt, un elegante bribón del puerto de Marsella que ayuda a Corto Maltés en una operación turbia. O un malo-bueno del cine negro. Incluso un buen amigo del Rick de "Casablanca". Pero, desde una visión menos mitificada, Coto podría ser un portero de la discoteca de Kate Moss o la versión hardcore de Pocholo, un vendedor de anarquía y transgresión para adolescentes.
Después de Coto, el bálsamo anti-violencia vino de la mano de la tía más cursi y apollardada de la televisión: Rocío Madrid. Prefiero acercarme a la vida de un tío que se ha comprado todos los boletos para entrar en el club de la isquemia cerebral.

9 comentarios:

Oakeshott dijo...

Simpático blog éste.

Y tienes razón: Rocío Madrid es insoportable

Tu estilo me recuerda a Rosa Belmonte, la crítica de tv de ABC, pero más macarra. ¿Eres tío o tía?

Nico dijo...

Me parece que te perdiste el ridículo de Coto en el programa de Quintero hace unas semanas. Escohotado -que, por cierto, envejece bastante mal- dejó en evidencia a Coto. Vaya, se comprobó lo que todos pensamos: cuando apartas a este personaje del rollo que se aprendió sobre telesangre, no tiene discurso. Un aburrido. Cada vez se parece más a los personajes de los que se cachondeaba

Fermin dijo...

Que lucidez y aliento poetico! Si no fuera porque, como ambos sabemos, es de familia, me desharia en elogios.

Pablo dijo...

Me emociona el personaje que estrena tu blog. Apología de la ranciada, je je. Y despuñes me llamas rancio. En fin...

Oakeshott dijo...
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Oakeshott dijo...
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Yo te saqué del arroyo dijo...

Si, y creo que también soy chica

Oakeshott dijo...

Increíble... Yo, Gustavo S. V...
Es una gran sorpresa descubrir este blog y poder conocer tus opiniones.

Attikus dijo...
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